Periodismo Cultural
Comentario del articulo de Gabriel Zaid
El autor del
artÃculo expresa acerca del ámbito cultural que lo escandaloso no es que se
escriben reportajes, comentarios, titulares o pies de fotos con tropiezos y
errores, sino que lleguen hasta el público avalados por sus editores. El daño
empieza por la orientación del medio y continúa el descuido de los textos, los
errores, las falsedades, erratas y faltas de ortografÃa.
La prensa nace
en el mundo letrado para los lectores letrados. Luego apareció el amarillismo,
las fotos y los textos para el lector que tiene capacidad de compra, pero lee
poco, y únicamente lo fácil y llamativo. El lector exigente se volvió
prescindible, una realidad actual que se evidencia en la contaminación visual y
auditiva en medios de comunicación con contenido basura.
Cuando la mayorÃa
de las personas no tiene interés más que en chismes y chistes, una persona
interesada en algo más, difÃcilmente puede hacer que suba el nivel de la
conversación y hasta se expone a parecer pedante. La cultura se incluye como el
paquete de soft news (noticias
suaves), frente a las verdaderas noticias: desastres, guerra, polÃtica,
deportes, crimen, economÃa. La cultura, que dio origen al periodismo, vuelve al
periodismo por la puerta de atrás: como fuente de interés secundario.
Asà se
distorsiona la realidad, y realmente qué es un acontecimiento cultural? El
autor menciona que se requiere un reportero capaz de entender lo que sucede en
un poema, en un cuadro, en una sonata; de igual manera que informar sobre un
acto polÃtico requiere un reportero capaz de entender el juego polÃtico: qué
está pasando, qué sentido tiene, a qué juegan Fulano y Mengano, porqué hacen
esto y no aquello. Pero los periodistas culturales no informan sobre lo que
expresó el piano maravillosamente, sino sobre los calcetines del pianista.
Hoy la prensa
se interesa por los actos sociales y chismosos. Elevar el nivel de la
conversación cultural es de interés social, pero esto requiere personas con
visión, cultura, competencia y sentido práctico. En cambio los periodistas no
leen lo que escriben sino cuando lo publican. Todos quieren publicar pero nadie
leer, y menos mantener vivo el interés. Los reportajes deben ser controlados
por 3 o 4 editores, hablar con el autor, con interlocutores inteligentes y
conocedores.
El problema de
los lectores es que no son conscientes de su ignorancia. Pero nunca es tarde
para volver a respetar a los lectores y subir el nivel de la vida pública, por
el simple recurso a la buena información, el buen juicio y el buen gusto, el
mensaje darÃa un giro importante: no se publica basura. Los grandes editores
son lectores exigentes que respetan al lector como a sà mismos.