Hoy me tomo un tiempo para analizar las situaciones cotidianas con las que lidiamos dÃa a dÃa, y me doy cuenta de que no soy parte de este remolino al que quieren normalizar como "la vida".
No quiero trabajar en una oficina por 8 horas o más; quiero crear, difundir y motivar. No quiero ser ese jefe que maltrata a sus empleados, no quiero ser ese empleado que no innova ni crece.
No quiero ser esa persona que viola las normas de tránsito, que se adelanta a lo loco, que no da paso a los peatones, que coimea para evitar multas, que ofende y grita a los demás.
No quiero ser ese funcionario que marca y no trabaja, no quiero ser esa mujer que aprovecha su cuerpo para tener cargos, no quiero ser aquél que fraua los concursos y no da oportunidad a quienes merecen.
No quiero ser aquel estudiante desganado, "kaigue", desordenado, que no procura formarse, ser autodidacta y aprovechar cuando puede.
No quiero ser aquel maestro que no prepara su clase, que enseña como si no importara, o en contrapartida que se cree superior a sus estudiantes y busca frustrar en lugar de educar.
El mundo serÃa un lugar más humano cuando se fomenten los valores que nos hacen tanto bien. No quiero ser nada de lo que la estructura te obliga a ser, pero tristemente la rueda sigue girando en ese sentido. Depende de todos nosotros romper ese sistema.
En nuestra querida patria, donde nadie es dueño de lo suyo y quien tiene poder te lo puede quitar sin explicación, se avislumbra una especie de neodictadura de una claque social que abusa de los poderes otorgados por el pueblo.
En una simple mesa, donde extraños coincidieron por obra del destino, dos parejas comentaban temas interesantes desde sus puntos de vistas.
"El Paraguay es tan rico, porque tanto ya robaron y siguen robando, pero igual es un paÃs generoso", mencionaba una señora oriunda de Posadas. "Nadie compra en Argentina porque te hacen problemas, compramos casi todo de Paraguay".
Por otra parte, mis padres exclamaban que "la juventud está dando señales de esperanza, con las últimas revoluciones estudiantiles, demuestran que defienden la honestidad y están ocupando los espacios".
Es interesante como queda en nuestras manos construir la democracia, siendo ciudadanos que se forman, que influyen positivamente, que trabajan con honestidad y que son conscientes de lo importante que son. No somos un "ciudadano más". El pueblo no serÃa el mismo sin nuestras manos.
Debemos analizar qué tipo de personas queremos como representantes, y asà debemos ser. Por que todos somos Nación, todos somos Paraguay, todos juntos hacemos Democracia.
No olvidemos que nuestros errores tienen consecuencias que trascienden generaciones. La prensa nos muestra un poco nada más de todo lo que sucede, por eso no debemos conformarnos, al contrario, es necesario ser crÃticos.
Los polÃticos tienen artimañas para llegar al poder. No nos dejemos seducir por ellas. Demos nuestro voto a quien tiene entereza, formación y espÃritu de servicio.
Es difÃcil combatir con una estructura establecida de poder, pero es posible con nuestra misma honestidad y enseñando que nada vale más que construir la patria soñada.
Por último, queda grabada en la memoria de quienes estuvimos ahÃ, el comentario final de un señor "se llama Honorable Cámara por que es un honor servir a la patria, y a la patria no se le cobra".
Periodismo Cultural
Comentario del articulo de Gabriel Zaid
El autor del
artÃculo expresa acerca del ámbito cultural que lo escandaloso no es que se
escriben reportajes, comentarios, titulares o pies de fotos con tropiezos y
errores, sino que lleguen hasta el público avalados por sus editores. El daño
empieza por la orientación del medio y continúa el descuido de los textos, los
errores, las falsedades, erratas y faltas de ortografÃa.
La prensa nace
en el mundo letrado para los lectores letrados. Luego apareció el amarillismo,
las fotos y los textos para el lector que tiene capacidad de compra, pero lee
poco, y únicamente lo fácil y llamativo. El lector exigente se volvió
prescindible, una realidad actual que se evidencia en la contaminación visual y
auditiva en medios de comunicación con contenido basura.
Cuando la mayorÃa
de las personas no tiene interés más que en chismes y chistes, una persona
interesada en algo más, difÃcilmente puede hacer que suba el nivel de la
conversación y hasta se expone a parecer pedante. La cultura se incluye como el
paquete de soft news (noticias
suaves), frente a las verdaderas noticias: desastres, guerra, polÃtica,
deportes, crimen, economÃa. La cultura, que dio origen al periodismo, vuelve al
periodismo por la puerta de atrás: como fuente de interés secundario.
Asà se
distorsiona la realidad, y realmente qué es un acontecimiento cultural? El
autor menciona que se requiere un reportero capaz de entender lo que sucede en
un poema, en un cuadro, en una sonata; de igual manera que informar sobre un
acto polÃtico requiere un reportero capaz de entender el juego polÃtico: qué
está pasando, qué sentido tiene, a qué juegan Fulano y Mengano, porqué hacen
esto y no aquello. Pero los periodistas culturales no informan sobre lo que
expresó el piano maravillosamente, sino sobre los calcetines del pianista.
Hoy la prensa
se interesa por los actos sociales y chismosos. Elevar el nivel de la
conversación cultural es de interés social, pero esto requiere personas con
visión, cultura, competencia y sentido práctico. En cambio los periodistas no
leen lo que escriben sino cuando lo publican. Todos quieren publicar pero nadie
leer, y menos mantener vivo el interés. Los reportajes deben ser controlados
por 3 o 4 editores, hablar con el autor, con interlocutores inteligentes y
conocedores.
El problema de
los lectores es que no son conscientes de su ignorancia. Pero nunca es tarde
para volver a respetar a los lectores y subir el nivel de la vida pública, por
el simple recurso a la buena información, el buen juicio y el buen gusto, el
mensaje darÃa un giro importante: no se publica basura. Los grandes editores
son lectores exigentes que respetan al lector como a sà mismos.
En 1789 los franceses decidieron tomar la bastilla, terminándo asà con años de monarquÃa. En 1776 los estadounidenses realizaron semejante tarea rebelándose contra los británicos. En 1811, aquà en nuestro hermoso paÃs se desarrolló de manera pacÃfica, pero decidida y sin retroceso, el proceso independentista con el cual la Provincia del Paraguay quedó en manos de jóvenes inexpertos pero autónomos, al fin.
La independencia es un proceso necesario en la vida de cada persona. Es un paso importante que corona la madurez. El hecho de vivir solo, o gracias a tus logros y no los ajenos tiene tanto mérito como el que tus padres te hayan educado bien.
A veces esta situación se da de manera forzosa, de un dÃa a otro llegan las quejas por tu comportamiento (pues ya no eres un niño, tampoco un adulto, eres una planta simbiótica); de repente comes más de lo que produces y simplemente no entiendes las frases de no puedes hacer esto, no aquello, ven temprano, quédate todo el dÃa en la casa, ya saliste tal dÃa y otras mucho más épicas y sorprendentes. Sorprendentes porque no te explicas como es que al cumplir los 18 pasaste de ser un hijo, a ser un huésped chantajeado.
Claro, vives gratis, no tienes que preocuparte por las estresantes cuentas y siempre tienes comida (la que te gusta) sumado a la habitación en la que te criaste y están todas tus cosas, pero algo no concuerda y es que las reglas que tuviste de niño, sencillamente ya no van con alguien de tu edad, que ya tiene compromisos, relaciones interpersonales, una imagen y responsabilidades.
Nuestros padres siempre nos van a amar, al fin y al cabo nos dieron todo, ¿no? Asà como para ellos es difÃcil aceptar que su hijo/a ya no lo espere en la casa ni le haga sus masajes, a ti te será rudo soportar la incomodidad y necesidades. Pero la recompensa es autonomÃa, conciencia sobre la consecuencia de tus acciones, ponerte los pantalones, decir firmes y dignos, y caminar por tu propio sendero.
No es un acto de mal agradecimiento, ni de rebeldÃa. No se puede tapar el sol con un dedo, los paraguayos vivÃan oprimidos por los españoles, no podÃan acceder a cargos públicos altos y los ilustrados no tenÃan beneficios, por el simple hecho de ser paraguayos. Tomar valor y agarrar la bastilla, es un acto de amor propio, de valoración personal y dignidad.
La independencia siempre trae consecuencias, y la mayorÃa de ellas, cuesta. Hay experiencias que los seres humanos debemos vivir sà o sà para desarrollarnos, avanzar, pues el ser humano es trascendente, no se conforma y siempre evoluciona.
Es tiempo de un proceso dialéctico, de una evolución pokemón, de tomar todo eso que uno es y fue, para construir lo que será.


