Artículo de Opinión

by - noviembre 22, 2016

Tenemos que aprender a votar

Por Ingrid Silguero

A más de dos milenios del comienzo de la historia, donde hemos alcanzado niveles intelectuales sorprendentes, donde la información se encuentra en las palmas de nuestras manos, aún no hemos aprendido a votar.

            No nos debe sorprender que Donald Trump sea el nuevo presidente electo de los Estados Unidos (quien en su momento se comportó de manera misógina, xenófoba y racista), si en nuestro propio país no sabemos elegir. Y realmente ¿qué estamos eligiendo?

            En una sociedad actual, si bien tercermundista pero globalizada, ya no podemos hacernos indiferentes de lo que sucede, porque es esta globalización la que provoca que como piezas de dominós todos caigamos juntos ante el menor paso en falso.

            Últimamente, las elecciones presidenciales se tratan de elegir al “menos peor” o al que “menos robe” (eso se pensaba de Horacio Cartes), y no debería existir esa mentalidad. La causa de esta problemática es la carencia de verdaderos líderes, patriotas, con espíritu de servicio y que no tengan otra ambición que la de mejorar su país.

            En un momento donde la democracia aún no estaba consolidada, Albert Einstein mencionó que “las personas debe ser capaces de elegir a su propio líder”; pero ¿cómo lo hacemos si los candidatos son siempre los mismos? Pues la única forma de salir de este agujero denominado “politiquería”, es buscando y formando nuevos líderes.

            El mundo está carente de personas que “vendan esperanza”, como decía Napoleón Bonaparte. La ira de los estadounidenses los llevó a elegir a Trump, y la decepción de los paraguayos una vez nos llevó a darle el bastón a Lugo, como una especie de “ilusión en lo incierto”.

            No debemos conformarnos con que nos lleven a votar para elegir al menos peor. Seamos conscientes de que el mundo está en crisis y depende única y exclusivamente de que nosotros construyamos un presente y futuro mejor. El Papa Francisco mencionó en su viaje a EEUU y Cuba que “un líder es bueno si es capaz de hacer surgir entre los jóvenes a otros líderes. Cada uno de ustedes tiene la semilla del liderazgo adentro. Háganla crecer”.

            Cambiando nuestra mentalidad y cada día trabajando para mejorar nosotros mismos y ser útiles a los demás, podemos ser los líderes que el mundo necesita ¿estás dispuesto?

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